
Las mentiras, las indecisiones y las malas palabras están atadas a la poca autocrítica, a la nula gratitud ante lo que se tiene, ante la perfección.
A veces es más fácil imaginarse ser la protagonista de una película de bajo presupuesto, confiando que todo el mundo te protegerá, que tu personalidad es tan atractiva para todos, que puedes romper hielos, que puedes decifrar jeroglíficos, que puedes serle importante a alguien.
Al final de todo, un mea culpa, pues he de ser la persona que menos merece ser querida, la persona que menos merece estar viva, respirando el aire innecesario.
Ha de ser que la baja autoestima me sienta bien y combina a la perfección con mi falta de tino, mi autocomplacencia, mis malos hábitos y mi mal sentido de orientación.
Ha de ser que ser un estropajo es más saludable que tener libertad, que al final, solo sirvo para sumergir mi cara en mi propio trasero y ahogarme ahí mismo, ha de ser simplemente, que merezco siempre lo que me sucede porque en todas las ocasiones soy yo quien las precipita.
A veces es más fácil imaginarse ser la protagonista de una película de bajo presupuesto, confiando que todo el mundo te protegerá, que tu personalidad es tan atractiva para todos, que puedes romper hielos, que puedes decifrar jeroglíficos, que puedes serle importante a alguien.
Al final de todo, un mea culpa, pues he de ser la persona que menos merece ser querida, la persona que menos merece estar viva, respirando el aire innecesario.
Ha de ser que la baja autoestima me sienta bien y combina a la perfección con mi falta de tino, mi autocomplacencia, mis malos hábitos y mi mal sentido de orientación.
Ha de ser que ser un estropajo es más saludable que tener libertad, que al final, solo sirvo para sumergir mi cara en mi propio trasero y ahogarme ahí mismo, ha de ser simplemente, que merezco siempre lo que me sucede porque en todas las ocasiones soy yo quien las precipita.
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